O Opinión

Boca-River: después del bochorno

¿CONSECUENCIAS DEL GANAR COMO SEA?

Escribe Osvaldo Boscacci

Esto excede el marco de un partido de fútbol.  Empecemos por el final.  Con la imagen de los jugadores de Boca aplaudiendo a la gente, a modo de saludo.  Y digo a modo de saludo porque me daría vergüenza ajena que ese aplauso hubiera sido a modo de reconocimiento por lo hecho.  Está claro que cuando esto sucedió, casi dos horas después de haber sido suspendido el partido, de las cuarenta y cinco mil personas que colmaban el estadio sólo quedaban más o menos cinco mil.  Esos que quedaban tiraban sobre los que estaban en el campo (le apuntaban seguramente a los jugadores de River, pero le podían pegar a cualquiera) esa gente tiraba botellas de plástico pero con líquido, es decir, pesaditas, capaces de romperte la cabeza si te dan de lleno.  Es normal pensar que los jugadores no tenían nada que reconocerle a esa gente.  Y quise empezar por el final porque esa actitud no es una simple anécdota, es síntesis y ejemplo de una realidad.  Síntesis y ejemplo de una sociedad que, en términos generales, tiene la escala de valores seriamente alterada.  Una sociedad que tiene periodistas y futbolistas que usan y abusan de una definición que de alguna manera contiene la semilla de toda la barbarie: "hay que ganar como sea".  Y no me digan que no se la escucharon a muchos futbolistas y no me digan que no fueron avaladas por muchos periodistas.  Después llegará el brazo ejecutor, la consecuencia de ese concepto repetido, después llegará –inevitable-, el idiota útil que sacará en conclusión que si quemamos a tres o cuatro adversarios, si los dejamos sin vision, etc. etc. tenemos más chances de ganar el partido.  Y como "hay que ganar como sea", ¿por qué no?


No minimicemos el "ganar como sea".  Puede llegar a convertirse en una nefasta manera de vivir.  Más allá de una competencia deportiva.


Con el hecho consumado y comentado hasta el hartazgo casi nos ponemos de acuerdo en que la suma de ineficiencia fue cómplice necesario para hacer de la noche del 14 de mayo una noche inolvidable.  Como esto pasó en el país de los expertólogos, al otro día –y esa misma noche- muchísimos sabían, micrófono en mano, lo que se tendría que haber hecho.  También sabían quienes fueron los responsables de tamaña desmesura.  Dirigentes locales, otros importados exclusivamente para este partido, árbitros, jugadores, hinchas, encargados de seguridad, policias, controles de entrada al estadio, oficialistas y opositores, vendedores y compradores... todos hicieron todo mal.  Esto, según lo que oímos y leímos con el hecho consumado.  Lo paradójico es que quienes no tenían nada que hacer, cero responsabilidad, sabían perfectamente lo que se tendría que haber hecho y quiénes, precisamente, tenían que tomar las decisiones no tenían idea de qué decision tomar.


Es abrumador y hasta aburrido todo lo que se ha dicho sobre el tema, por eso no tiene mucho sentido abundar sobre lo mismo, con matices y desde diferentes posiciones, todos expresan conceptos parecidos y las disidencias surgen como consecuencia de los distintos intereses que se pretendan defender.  Pero para ir terminando quiero citar, textualmente, el cierre de una nota sobre la violencia en el fútbol argentino escrita por Ariel Scher en el 2012, decía Ariel: "Todavía hay suficientes razones para preguntarse si lo más violento de la violencia en el fútbol no queda en el futuro".  Lamentablemente, la sentencia de Ariel Scher fue profética.  Y saben una cosa, hoy, yo, también terminaría la columna con esta frase.  Creo que en Argentina todavía podemos ver cosas peores.  Hoy, ni las imaginamos.

 

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