O Opinión

Las ganas de ganar. El miedo a perder.

Escribe Osvaldo Boscacci

"...es un rival con grandísimos jugadores".  "Tienen muy buen equipo".  "Es una cancha difícil".  "Nosotros vamos a hacer la nuestra".  "Jugamos en todas las canchas de la misma manera"... seguro que estas frases las escuchamos todos en las interminables previas que se hacen antes de los partidos.  No hay respuestas originales.  Todo es previsible hasta el aburrimiento.  No importa quién sea el rival, no importa lo que haya en juego.  Una vez en la cancha empiezan a gravitar otras cosas.  Suele haber una extraña mezcla entre intenciones y temores.  Y muchas veces los temores se justifican.  Si el Stuttgart tiene que visitar al Bayern Munich o el Córdoba ir al Camp Nou a enfrentarse con el equipo de Messi es más que lógico que los jugadores de los equipos más débiles salgan a la cancha con un tremendo miedo a perder.  En algunos casos han llegado a la resignación aunque se sepa que ningún partido se pierde antes de jugarlo.  Pero digamos que es entendible.  Lo que no es tan entendible es cuando se trata de fuerzas parejas.  Es obvio que todos salen a la cancha con ganas de ganar pero a veces, inconscientemente tambiéٞn cargan con el peso del miedo.  Del miedo a la derrota.  Y esto cambia los planes.  Es más fuerte el miedo a perder que las ganas de ganar.  Y no importa lo planificado, el equipo se va tirando atrás en su afán de defenderse.  Un equipo cuando se siente amenazado acumula gente atrás –y amontonar jugadores en tu propia área no garantiza una buena defensa-.  La experiencia –y las estadísticas- dicen que los equipos que salen a "salvar" un empate terminan perdiendo.  De vez en cuando se les da, pero no tantas veces.  Pero además atenta contra el espectáculo.  Hay hinchas a quienes solo les interesa el resultado y hay periodistas que avalan ese deseo y lo defienden, irrelevante lo aburrido, lo triste que haya sido el partido.  Sin embargo, aunque menos "promocionados" también hay hinchas que suelen decir después de una victoria de su equipo: "me da vergüenza ganar así".  Son aficionados que sin dudas quieren con toda la fuerza de su ser que su equipo gane todos los partidos que juega, pero quieren que ganen sin avergonzarlos, es decir, sin pegar patadas, sin hacer tiempo, sin ensuciar el juego durante noventa minutos.

 

El famoso "ganar como sea" necesitaría traducción.  ¿Cuál es el sentido de esa frase que también se repite hasta el cansancio?  ¿La respuesta sería la justificación del mal juego?  Porque esos equipos que tienen como único horizonte ganar lo soportan solo esa parte de hinchas que mencionamos y que son los que sostienen el "ganar como sea".  Es decir, que a la gran mayoría de los aficionados al fútbol nos aleja de las canchas.


Está claro que en este juego gana Mourinho y gana Guardiola, ha ganado Bilardo y ha ganado Menotti.  Técnicos que están en las antípodas a la hora de expresar sus gustos futbolísticos han conseguido derrotas y fracasos.  Esto quiere decir que nada asegura la victoria.  Cuando España era "la furia" y corría y metía y jugaba poco, no ganaba nada.  Cuando cambió y empezó a jugar cosechó títulos (hasta fue campeón del mundo).  Sin embargo Brasil cuando fue líder y sostén del "Jogo Bonito" no solo daba gusto ver jugar a sus equipos sino que ganaban la mayoría de las veces.  Cuando decidieron que ellos tenían que poner "otra cosa" empezaron a jugar muy mal y, en consecuencia, a perder.


Convengamos que el técnico debe acomodarse a las características de sus jugadores.  Sería ridículo tener en tu plantel a Neymar, Suárez, Messi y plantear el partido con un cinco, cuatro, uno (como le jugó y le ganó Guaraní a Corinthians en la propia casa del Timao, aunque aquí sería no jugar limpio si no se puntualiza que los paraguayos contaron con la invalorable complicidad de los locales para llevarse la victoria, porque ellos, que debían jugar al fútbol, fueron quienes de entrada nomás propusieron la lucha.  Y así les fue).  Retomamos –pero que sirva el ejemplo- a la hora de los resultados –que para algunos son la única verdad, no para quien esto escribe-, a la hora de los resultados, lo dicho, se gana y se pierde con diferentes estilos.  Quizás influya más de lo pensado ese miedo a perder que supera a las ganas de ganar.  Probablemente, en el futuro, al lado del DT cada equipo considere tener un sicólogo.  Y para celebrar el fútbol en cada partido todo seguirá pasando por el gusto, por el disfrute personal.  Personalmente, ni me alegra ni me entristece que gane o pierda el Atlético Madrid, con los jugadores que tiene no genera muchas expectativas, pero sin dudas la mayorٌía de sus partidos me aburren.  Tampoco me provoca nada que gane o pierda el Barcelona, pero su juego me entretiene.  No me parece justo, eso sí, -aunque tampoco me provoque nada porque no soy hincha de ninguno de los dos- que River le gane a Boca con un juego miserable y pegando patadas que necesitaron de la casi obvia complicidad de los árbitros generalmente generosos con los equipos locales.  Y, consumado el resultado, escuchar a periodistas "especializados" (¿en qué? ¿en justificar resultados, será?) escuchar a periodistas que "conseguir el objetivo es jugar bien".  Yo se que es políticamente correcto decir, "respeto su opinión", pero no dejaría de ser hipócrita.  Elijo no ser políticamente correcto.  Prefiero no respetar al profesional que piensa y dice eso.  El fin no siempre justifica los medios.  Es, ha sido y será patrimonio de la gente honrada elegir las armas para alcanzar los triunfos.  Y disfrutarlos con la conciencia tranquila.

 

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