O Opinión

El irresistible ascenso de un Barça que no se cansa de deslumbrar

Barcelona está en un gran momento dice Luis Enrique en la conferencia de prensa posterior al triunfo logrado ante el Arsenal que los pone en cuartos de final.  Sin embargo para muchos comentaristas el partido era parejo hasta que llegó ese gol impresionante de Luis Suárez.  La pregunta es si en verdad el encuentro era parejo.


Arsenal en el Camp Nou jugó como hay que jugarle al dueño de casa, tratando de impedir que el juego se desarrolle desde la base defensiva, donde hay que incluir al portero, porque hasta el uno está obligado a jugar con los pies como cualquier otro.  La idea de los ingleses era apretar, ahogar y aprovechar cualquier error defensivo que pusiera a los pusiese en situación de gol.


Hay que tener en cuenta algo fundamental, los dirigidos por Luis Enrique no se amilanan y si la situación se complica redoblan la oferta, es decir recurren a todas las artes con las que cuentan.


No es solo el tridente MSN, todos se suman y en este partido los generadores de fútbol no estaban cumpliendo su cometidos, bueno, cumpliendo en función de lo que es el Barcelona, donde muchas veces tocan el cielo de la perfección.  Iniesta y Busquets no lograban enganchar, al cinco se le puede perdonar porque su tarea es destruir y recuperar, pero si falta la genial batuta del capitán la cosa cambia.


Razones de sobra para pensar que Suárez no cumplía a cabalidad y Neymar inspirado carecía del oxígeno que le da el manchego.  Messi como siempre, parece distante hasta que agarra la pelota y se lanza como un gladiador contra todos los leones que le esperan con las fauces abiertas, pero con altibajos, en más de una oportunidad se estrellaba contra las diez piernas rivales dispuestas a todo para impedir cualquier magia que se le ocurriera al rosarino.


Iban ganando 1 a 0 desde los primeros minutos, eso daba cierta tranquilidad, el Suárez incompleto fue el asistente para el gol del livianito Neymar.  En cualquier equipo una ventaja como esa, ir ganando 3 a 0 en el global, es suficiente, pero miren como son las cosas, los blaugranas parecen insaciables nada les alcanza y por el otro lado Arsenal se animaba sobre todo en los pies de Alexis Sánchez y vino el empate, ahora las cosas no eran tan claras, dos goles más para y el Barça lo iba a ver por TV.


Pero vino eso que solo los elegidos tienen, el de sorprender y sorprender siempre que se necesitan, apareció el charrúa que con un movimiento de trapecio cirquense metió una bolea para la historia poniendo las cosas en su lugar.  De ahí en adelante parecería que se terminó el show, algo a lo que jamás están dispuesto a cumplir los culés hasta que no suene el pitazo final.


Faltaba algo, porque Messi, que es un exquisito de esos que se dan cada millón de años, necesitaba la dosis para su adicción de la drogagol para sentirse aliviado y con globito de escasos diez metros la mandó a guardar.  Hay que tener en cuenta que el genio no le pega a la pelota le da órdenes, ahora sí, solo dos minutos para el final, el pescado estaba vendido.


Preguntado Luis Enrique a que rival le temía, el asturiano no dudó, al Barcelona no lo quiero en las semis.  Qué vivo, así cualquiera se podría pensar, sin embargo el que toma las decisiones le tiene tanta fe a sus dirigidos que insinúa no hay rivales enfrente.


Creo que el Barcelona llega a la final porque 180 minutos es mucho tiempo para que sus rivales no caigan en la trampa de su belleza matadora.


En la final las cosas son diferentes, en un partido a este nivel, cualquiera puede ganar, pero el favorito es uno solo.

Jorge Rowinsky.

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