O Opinión

El 31 negro

"Es algo que me enerva enormemente.  Tenemos que cerrar el periodo de fichajes el 1 de agosto".  La reflexión es de Joachim Watzke, CEO del Borussia Dortmund, quien observó impresionado como buena parte de los equipos europeos, en cuestión de horas, vieron radicalmente cambiados sus planteles con la temporada ya encarrilada.

Su pedido es tan lógico que encontró eco público en directivos del Borussia Mönchengladbach y el Hertha Berlín, pero parece absurdo no encontrar a muchos otros más que lo acompañen.

 

La fecha de cortina del mercado de pases es el 31 de agosto (en Inglterra el 1 de setiembre) y, como vimos días atrás, es una catástrofe a la logística, la planificación y el sentido común.

 

Los clubes inician en julio sus pretemporadas: cambian directivos, elijen entrenadores, contratan jugadores, venden otros, promocionan juveniles, juegan amistosos, presentan camisetas e inician por fin el larguísimo calendario oficial.

 

Todo muy normal salvo que, cuando los torneos ya han comenzado, en un día de locura (¿podríamos llamarlo "31 negro"?  Al menos suena bien) se quedan tal vez sin su mejor jugador, o sus dos mejores jugadores, o sus tres mejores jugadores, o el arquero, o el capitán, o el defensor líder, o el mediocampista que mejor estaba jugando en el arranque de temporada...

 

Es como preparar meticulosamente durante meses la forma en que iremos vestidos a una fiesta y, cuando la fiesta por fin llegó y comenzamos a bailar, nos quitan de pronto el saco y los zapatos.

 

Un sin sentido que sirve poco a los clubes y mucho a otros dos actores que deberían no ser tomados en cuenta.  La prensa, con el 31 de agosto como últimatum, vende portadas y portadas de rumores, salidas, posibles fichajes y traiciones que alimentan sus cuentas bancarias a costa de ingenuos fanáticos.

 

Y, por supuesto, los agentes y representantes, quienes jugando con la desesperación que genera el reloj se aprovechan durante días de mediocres dirigentes, demorando eternamente negociaciones que podrían liquidarse en 24 horas e inflando precios de futbolistas discretos o desconocidos por los cuales en el último minuto esos mismos mediocres dirigentes están dispuestos a tirar la casa por la ventana, por el simple hecho que deben contratarlos ya que estuvieron negociando dos meses.

 

Desde el lado puramente futbolístico, tal vez los únicos beneficiados sean los clubes todopoderosos.  "Lo que ocurre ahora es que los clubes ricos y grandes llegan el 30 y el 31 de agosto con 20, 30, 40 o 50 millones de euros y lo revuelven todo", se quejó Watzke.

 

Pero, aunque tiene algo de razón, en el fondo está equivocado.  Si esos clubes ricos deben gastarse semejante platal en el último día del mercado es porque tienen serias dudas sobre sus planteles, y los jugadores que compran difícilmente puedan resolver eso con la temporada ya empezada.

 

En definitiva, se trata de un sistema donde pierden los de adentro y ganan los de afuera.  Como todo en el fútbol.

 

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