O Opinión

RICCI, ¿CASUALIDAD O CAUSALIDAD?

Reviso un periódico deportivo de Argentina y me topo con declaraciones de Diego Lugano, ex capitán de la selección de Uruguay, rival acérrimo (desde lo futbolístico) de los del otro lado del Río de la Plata. Lugano expresó “No se puede creer.

A Ricci lo premiaron por hacer bien los mandados”. Fuerte, sí. Sincero, aún más. Por si alguien no sabe, Sandro Meira Ricci, de Brasil, será el encargado de impartir justicia en una de las semifinales de la Copa América entre Argentina y Paraguay.

Lugano mastica bronca por lo que le tocó vivir a la Celeste ante Chile con un arbitraje que dejó muchísimo que desear de parte de un hombre muy flojo en esto del referato al que tengo la posibilidad de verlo actuar con regularidad por relatar el Brasileirao.

La determinación de colocar a Ricci es, por lo menos, extraña. Es que un rato antes de dar el nombre del referí se había anunciado que el principal sería Carlos Vera de Ecuador. Algo cambió. ¿Por qué?

Una nueva pregunta que me hago, ¿cuál es el fin de colocar en un choque determinante a un referí que está en el ojo de la tormenta? ¿No le habían dado las “gracias” después del Chile vs. Uruguay?

Del otro lado de la llave, chilenos y peruano buscarán su boleto a la final. En los papeles previos la mayoría tiene escrito el nombre del anfitrión como el más firme para avanzar a la definición, aunque Ricardo Gareca y su Perú tengan planes de estropear la fiesta  (una definición por penales el pasado viernes, quebró el 50 por ciento de la misma).

Las probabilidades de que Argentina y Paraguay aterricen en la final diezmados crecen con Ricci como árbitro del pleito entre los dirigidos por Gerardo Martino y Ramón Díaz, respectivamente.

Ricci fue responsable de un bochorno. Empujó a Uruguay al abismo. Justo a Uruguay que, eventualmente, fue el adversario del dueño de casa.

Ricci fue el que no vio el “dedo” de Gonzalo Jara a Edinson Cavani. Y está bien, era imposible que lo notara porque los dos hombres estaban de frente a él, al referí. Lo que es inadmisible, sospechoso, es el apresuramiento con el que le mostró la segunda amarilla al delantero uruguayo porque una caricia contra Jara -que exhibió sus mejores dotes actorales para engañar a un Ricci predispuesto a lo que terminó sucediendo- liquidó a los charrúas. Con un hombre menos el partido quedaba desvirtuado. Ricci miró la tarjeta amarilla de manera suspicaz porque sabía perfectamente que Cavani había sido amonestado en el primer tiempo por protestar contra uno de los asistentes y allí, en el minuto 29, fue velozmente hacia donde se encontraba el salteño con la amarilla ya fuera de sus bolsillos y la elevó para regocijo de la enorme mayoría del Estadio Nacional.

Argentinos y paraguayos deberán ser inteligentes, quizá como nunca antes. Tendrán que enfrentarse al contrincante y al referí, alguien que dista muchísimo de ser el idóneo para un partido como el del martes.

Por si a alguien le interesa, en Argentina corren riesgo de perderse una eventual final Javier Mascherano, Sergio Agüero y Lionel Messi… sí, Messi…¿Casualidad o causalidad?

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