O Opinión

América, mucho más que pasión

Una colección de estrellas hará de la Copa América 2015 un torneo de nivel mundial.  Argentina y Chile, los más presionados, parten como favorita y enemigo.  Brasil y Colombia esperan con ciertas dudas.  Sin Suárez, Uruguay llega en silencio pero la competición le cae de maravilla.  Bienvenidos a un continente que no sólo tiene fervor futbolístico para ofrecer.

Así arranca Juan Francisco Pittaluga la previa de la Copa América que armó el suplemento de Don Balón en el diario Búsqueda de Uruguay.  A continuación su vista preeliminar de lo que va a entregar la copa.

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Jugado en el continente que con más adrenalina siente el fútbol, la Copa América es el torneo de selecciones más antiguo del mundo y uno que cada país sudamericano siempre quiso ganar tanto como un Mundial.  Sin embargo, entrado el siglo XXI, la Copa perdió su encanto por irregularidades organizativas que determinaron que muchas selecciones llevarán "equipos B" o incluso prefirieran no participar.  El rumbo cambió en 2011 en Argentina y es todavía más claro cuatro años después: Chile recibirá una Copa como las de antes, con cuatro selecciones colocadas entre las diez mejores del mundo y los equipos llevando todo su arsenal, que incluye a muchos de los futbolistas más importantes del planeta.

 

Lionel Messi, Neymar, Edinson Cavani, Diego Godín, Alexis Sánchez, Carlos Tévez, Arturo Vidal, James Rodríguez, Jackson Martínez y Sergio Agüero son todas figuras de élite en los equipos top de Europa.  Otros como Enner Valencia, Juan Cuadrado, Claudio Bravo, Carlos Bacca, Gonzalo Higuaín, Claudio Pizarro y Jefferson Farfán son piezas de engranaje de esos grandes clubes o bien estrellas en equipos de segunda línea.  La calidad individual es tan buena que la Copa se puede dar el gusto de mantener un nivel formidable aún sin que participen otros cracks como Luis Suárez, Dani Alves, Oscar, Adrián Ramos, Franco Di Santo, Chicharito Hernández y Antonio Valencia.

 

Solamente con la presencia de ese tipo de futbolistas la diversión está asegurada.  Pero la calidad de las selecciones también es excelente: Argentina fue finalista del pasado Mundial y Chile, Colombia, Uruguay y Brasil pudieron haber llegado mucho más lejos si no se eliminaban entre ellos en la segunda fase.  Bajo ese grupo de candidatos, es Argentina la que aparece un paso por delante del resto.

 

Mantiene la base del equipo casi campeón del mundo y, aunque cambió de entrenador, Gerardo Martino no tiene diferencias profundas con Alejandro Sabella, compartiendo el mismo pragmatismo y añadiéndole más profundidad ofensiva y gusto por el buen juego.  La defensa, dos años atrás una posición que causaba escalofríos, ofrece hoy la garantía de futbolistas en pleno rendimiento como Nicolás Otamendi y Ezequiel Garay.  El mayor peligro hacia el título pudiera ser el estado físico de Messi: los antecedentes no son buenos para las súper estrellas que deben cargar con sus selecciones tras remolcar a sus equipos hasta el final en las siempre intensísimas temporadas europeas.

 

Argentina lleva 22 años sin ganar la Copa y busca alcanzar a Uruguay con 15 títulos.  A priori, es el candidato principal y la presión se sentirá de Buenos Aires a Santiago.  Pero la misma presión tendrá el local Chile.  Jamás campeón del torneo, la "roja" deslumbró con su fútbol en el Mundial pero volvió a mostrarse dubitativa cuando había que ponerse los pantalones.  El carácter es lo que más se le cuestiona y reclama a una selección que tiene todo para dar la vuelta olímpica.  Además de la localía, el equipo de Jorge Sampaoli es una versión 3.0 del creado tiempo atrás por su antecesor Bielsa.  A la presión arrolladora y el fútbol vertical abierto a los extremos, Sampaoli le sumó el desarrollo individual de Vidal y Sánchez, dos genios, cada uno a su forma, que están en el mejor momento de sus carreras.

 

Un paso más atrás de Argentina y Chile está Brasil, una selección donde "os craques de verdade estão quase em extinção".  Neymar, con apenas 23 años, está a tan solo un tirón de quedar solamente detrás de Pelé, Ronaldo y Zico como el máximo goleador de la "canarinha".  Eso dice mucho del Brasil de los últimos años, ultra dependiente del fenómeno de Barcelona.  Auténtico, Dunga no anduvo con vueltas y avisó de entrada que no va por el fútbol bonito ni por un acompañante para Neymar.  Sencillamente, hoy parece no tenerlo.  Por eso, el DT se basará en la defensa y la velocidad en las transiciones.  De lo pulido de ese sistema y del talento de Neymar dependerá la suerte de la selección más ganadora de la Copa en los últimos años.

 

En el escalón de Brasil también se para Colombia, que sería candidata N°1 a no ser por las dudas que atraviesan a José Pekerman.  Abel Aguilar, la brújula de la mitad de la cancha, no estará por lesión.  Cuadrado, Fredy Guarín y Edwin Valencia llegan lastimados.  Pablo Armero, Jeison Murilllo, Eder Álvarez Balanta, Camilo Zúñiga y Santiago Arias no han tenido mucha actividad esta temporada también por lesiones.  Con esos dolores de cabeza, Pekerman deberá recurrir a toda su astucia para armar un puzzle que mantenga las bases de su Colombia, siempre dispuesta a ser protagonista y utilizar a fondo a los laterales, ahora con el plus que supone tener un todoterreno desequilibrante como James.

 

¿Y Uruguay?  Con Suárez estaría en los dos lotes de arriba.  Pero la realidad es que, salvo excepciones, el equipo de Oscar Tabárez ha sufrido para poder suplantar a su mejor jugador.  Es que el juego de Uruguay es bastante simple: defender con dos líneas de cuatro llenas de actitud física y luego jugar rápido con Suárez, quien con una piedra produce una joya gracias a su capacidad para encontrar el espacio y generar el error rival.  Cavani, futbolista prototipo del bomber italiano, no puede ni siente ocupar ese mismo rol de Suárez.  Para que Uruguay tenga éxito deberá encontrar un Cavani inspiradísimo en la definición en cada escasa oportunidad que tenga, o deberá apostar a una mayor creación en el mediocampo.  Esto último parece más posible y allí habrá que ilusionarse no sólo con el "Cebolla" Rodríguez sino especialmente con que Nicolás Lodeiro y Giorgian De Arrascaeta encuentren en la Copa las mejores versiones que tuvieron esta temporada con Boca Juniors y Cruzeiro.

 

Lo positivo para la "celeste" es que, a diferencia de las Eliminatorias (siempre una pesadilla casi surrealista), el sistema de la Copa América (fase de grupos, tres semanas, una sede) lo digiere mucho más fácil.  De 1995 hasta hoy en una ocasión fue 2°, en otra 3°, en dos ocasiones 4° y en otras dos fue campeón.  Solamente en Bolivia 1997 no logró pasar la fase de grupos... y todos saben el calvario que significa la altura de La Paz para los uruguayos.

 

Por fuera de esas cinco selecciones, el resto son incógnitas que estrenan oficialmente entrenadores y tienen pocas opciones al título.  Mauricio Soria debuta en Bolivia, Gustavo Quinteros en Ecuador, Noel Sanvicente en Venezuela, Ramón Díaz en Paraguay y Ricardo Gareca en Perú.  Los dos últimos equipos son los que pueden hacer más ruido.  Paraguay tiene un Lucas Barrios resucitado y la aparición de aire fresco y talentoso como Óscar Romero y Raúl Bobadilla.  Perú tratará de darle un carácter más argentino a su habitual romance por el manejo del balón.

 

Los dos restantes son los outsiders del continente.  México viaja otra vez con muchos jóvenes priorizando la Copa de Oro de la Concacaf.  Miguel Herrera, un táctico radical, trae la experiencia para la defensa con un histórico como Rafa Márquez, pero guardó a los apellidos de peso como Hernández y Carlos Vela.  Fuera de las razones económicas, la Conmebol deberá analizar si vale la pena seguir invitando a un país que elige cocinar el asado en la competición más débil.  Jamaica, salvo Adrian Mariappa, un conocido para los fanáticos de la Premier League, se presta más para el chiste fácil, los memes y el infaltable festejo de gol exótico que para presentar real batalla en el torneo.

 

En definitiva, una Copa América con la que vale la pena ilusionarse.  Como hincha de cualquiera de los seleccionados pero especialmente como aficionado del fútbol.  Porque esta vez, además de la pasión que destaca al fútbol sudamericano en todo el mundo, hay también jugadores y equipos que le aportan una calidad igual de maravillosa que la de la élite europea.

 

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