En las Comoras, la pasión por el fútbol y la emancipación de las chicas del FC Mamans

Al borde del césped, mete sus pies con uñas pintadas en sus calcetines, se ata las botas y se ajusta sus pantalones cortos. Después se inclina con delicadeza para guardar en la mochila el velo que le cubría la cabeza.

Una tormenta tropical azota el estadio municipal de Moroni pero no importa. Es día de entrenamiento en el FC Mamans, el club de fútbol femenino de la capital comorense, y Armelle Sylva no tiene intención de faltar por culpa del tiempo.

Dando pequeños pasos, se une a un puñado de mujeres jóvenes en el campo, ahora inundado por el temporal.

Pases, controles y pequeños juegos de balón bajo la batuta de su entrenador, Stéphane Aboutoihi. "Pie derecho, pie izquierdo, control técnico... ¡Vamos chicas, vamos!".

Las manos en la cadera, Armelle Sylva toma aire. Sus cabellos chorrean por la lluvia pero está encantada.

Correr, saltar, golpear la pelota, la joven no puede prescindir de ella. "Es una pasión en la que caí de pequeña", explica la atacante de 23 años. "Cuando jugamos somos como una familia. No importa el pueblo, la religión, que seas rico o pobre, simplemente somos felices".

Para entrar en la "familia" del fútbol, Armelle Sylva tuvo que luchar duro. ¿Una chica en pantalones cortos en un país musulmán donde la mayoría solo sale con velo? Casi una provocación.

"Me dijeron 'eres una chica, no estás aquí para jugar al fútbol, estás aquí para quedarte en casa y ocuparte de los niños'", asegura. "Esto me ha creado problemas con mi familia y mis tíos pero insistí y llegué ahí".

- 'Contra mi padre' -

Hairiat Abdourahmane, de 24 años, también tuvo que liberarse de los tabús religiosos y de las reticencias familiares para vestir la camiseta verde del equipo nacional comorense. Delantera centro y capitana, sus compañeras la apodan "Maradona".

Su tenacidad y obstinación se notan en cada uno de los tiros que dispara a portería, ocupada hoy por un hombre.

"Mi padre no quería que jugara", recuerda la enfermera. "Acabó aceptando desde que estoy en la selección. No viene a verme jugar pero sé que escucha los partidos por la radio y que escucha mi nombre".

Salido de la nada hace quince años, el fútbol femenino se ha hecho un pequeño hueco bajo el sol asfixiante de este pequeño archipiélago del océano Índico.

Primer club en ser fundado, en 2003, el FC Mamans fue seguido posteriormente por otros 17 conjuntos, que disputan cada año una liga y una copa de nivel notable. El once nacional viene de proclamarse campeón del Océano Índico.

"El fútbol femenino ha crecido mucho en las Comoras. Hay un equipo que representa al país. Ante los ojos de los hombres se ha convertido en una cosa seria", se alegra el presidente del club y presidente de la federación de básquetbol, Sultan Said Ali.

Gracias al dinero aportado por la FIFA, las autoridades deportivas han empezado a formar árbitros, entrenadores y voluntarios.

- 'Más chicas' -

"La idea es desarrollar todo esto", se entusiasma Sultan. "Las chicas merecen ser ayudadas, son unas apasionadas".

Dirigentes y jugadoras confían a partir de ahora en el próximo Mundial en Francia, en junio, para meter otra marcha.

"Es una ocasión de oro. Mostrará a todos que las mujeres pueden jugar tan bien como los hombres", se felicita Aboutoihi, el entrenador del FC Mamans y también director técnico nacional. "Hace falta que se nos unan más chicas".

"Veré el Mundial por televisión, por supuesto", apunta Hairiat Abdourahmane con los ojos llenos de envidia. "Sueño con jugarlo yo también algún día pero será difícil, todavía nos faltan medios".

En las gradas, algunos espectadores asisten al entrenamientos de las mujeres. Entre ellos un hombre, Assoumani Ben Amise, que también promete interesarse en el Mundial.

"Antes era muy lento, muy titubeante, faltaba compromiso (el fútbol femenino). Ahora juegan con mucha técnica", reconoce el aficionado. ¿Mejor que los hombres? "No, eso no es posible", suelta sin un ápice de duda.

Toda oídos, Armelle Sylva se afloja las botas mascullando. "Intentamos hacer avanzar la idea de igualdad entre hombres y mujeres en este país pero es duro", suspira. "El fútbol es un buen medio de hacer avanzar nuestra lucha pero queda todavía tanto por hacer..."

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