El superclásico entró como un vendaval en la Feria del Libro argentina

Un Boca-River es un torbellino de cánticos a voz en cuello, nubes de papelitos al aire, olor a pan y chorizos en la calle, alaridos de triunfo o llantos: lo raro es que el frenesí de ese mundo futbolero se haya metido en la Feria del Libro.

"¡Vení mirá la Copa Libertadores que ganamos los 'Millo' (millonarios, River)!", gritaban unos al descubrir la réplica del trofeo en el stand de los albos de la banda roja. "¡La Copa es 'bostera' (apodo de Boca), se mira y no se toca!", respondían los otros frente a la instalación de los azul y oro. No hubo violencia, pero el ambiente estaba caldeado.

El partido de fútbol, que es pasión y delirio, entró como un vendaval, casi con irreverencia, en el universo íntimo de la literatura. Sucede que son las vísperas de otro superclásico, casi decisivo para el campeonato.

Parecía una profanación. Pero a nadie le resultaba extraño ver una ebullición en los stands de ambos clubes en el corazón de la gigantesca catedral de la lectura.

- Bomboneras y Monumentales -

"Soy de Boca porque se nace de Boca, no me hizo nadie. Y el partido del domingo es muy importante. Aparte de jugar con 'nuestros hijos' (paternidad estadística), si le ganamos, podemos pelear el título", dice a la AFP Emilia Pandiella, nacida en Henderson, pueblo agrícola a 500 km al sur.

River está a siete puntos del puntero Boca y faltan solo siete fechas. Detrás de Pandiello se observan anaqueles con más de 25 libros dedicados a los 'xeneizes'. En lo alto, una colorida estructura imita las tribunas del estadio La Bombonera.

A menos de 50 metros de distancia se agrupan los riverplatenses en un local con una minicancha de fútbol-tenis, con red de por medio. Es para los que quieran demostrar destreza y picardía con una pelota profesional.

Cuatro muchachos se enfrentan en un "dos contra dos". Están rodeados por una gigantografía del estadio Monumental, lleno y embanderado de rojo y blanco. Los pibes "la rompen", "la gastan" o la dejan chiquita", como se dice en Argentina a los que hacen maravillas y son artistas con el balón.

"Se viene el partido del año. Está bueno verlo pero mejor ganarlo. Tiene un gustito especial. Hay que ganar sí o sí y tener chance para el campeonato", dice a la AFP Axel de Aragao, un 'futboltenista' que había amasado y pisado la pelota para detenerla y dejársela a un compañero que lo reemplazó por un rato.

- 'Gallinas' y 'bosteros' -

Federico Mendieta (35 años) se da vuelta y confiesa risueño: "Soy de Independiente y no pude evitar que mi hijo Franco se hiciera de Boca".

"Mi papá me había hecho de Boca pero a los 12 años cambié de camiseta. Esa pasión se la transmití a mis dos hijos. Uno es del 'rojo' y con el 'bostero' nos peleamos pero amamos al fútbol. Eligió uno de los clubes más grandes del mundo", relata mientras un grupo de alumnos de primaria lo escucha con asombro. Tanto que cuando termina de hablar lo felicitan.

Mendieta dice que a su hijo primero trató de tentarlo al cambio: "Le he ofrecido de todo: bicicletas, cantidades de playstations... hasta le dije que no iba a ser más su papá, pero nada".

De vuelta en tierra 'millonaria', delante de un visor de realidad virtual que permite al público ver un partido como si estuviera en la cancha, Melina Vairamian (19) cuenta que fue su abuelo quien la hizo 'gallina' (otro apodo de River).

"Soy de River desde la cuna. Quiero que le ganemos a los 'bosteros' porque hay rivalidad eterna, sin violencia. El domingo voy a ver con mis amigos por TV el partido más importante que hay", asegura Vairamian. Y "gritar los goles con el alma". En tal deseo, hay coincidencia en los dos stands.

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