Si algo puede fallar... fallará

En el Mundial disputado en Alemania en 1974 se produjo un hecho muy interesante digno de las leyes de Murphy, hablamos del equipo de Holanda que se le adjudico el título de "Naranja Mecánica".

Este equipo se presentó al Mundial '74 de la mano de Rinus Michels y capitaneado por Johan Cruyff, cambió la forma de ver, jugar y plantear un partido de fútbol. 

Inventaron la presión adelantada, jugaban con extremos, todo el equipo atacaba y defendía al mismo tiempo, pioneros en no poner un 9 puro, porque intercambiaron las posiciones dentro del campo sin importar si uno era delantero o defensa.  Lamentablemente no ganaron, pero jugaron como verdaderos campeones, sobre todo porque enamoraron al mundo del fútbol en los años 70.

Rinus Michels fue el padre de todo este entramado futbolístico que llevó a Holanda a disputar un Mundial después que en 1938 lo hiciera por última vez.  Para ello, el “General" aplicó su estilo, sus formas, esa dureza que tan buen resultado le había dado en los banquillos del Ajax (1965-71) y Barcelona (71-75).

 

Michels fue un auténtico sargento de hierro que fundó las bases de sus estrategia sobre tres pilares:

(1) - Condición física.  El fútbol es presión, toque y movimiento y para ello es imprescindible estar en buena forma.  El cuerpo tenía que estar preparado para la batalla, porque como él mismo decía “el fútbol era la guerra”.

(2) - Talento y clase.  El fútbol rápido de movimiento necesitaba jugadores que tocaran la bola al primer toque, sin dar tiempo a pensar a las defensas.  En pocos segundos, el balón tenía que estar en campo contrario, pero sin perder nunca el control.

(3) - Rigurosidad táctica.  Cada jugador debía saber manejarse en cualquier puesto.  Una de las claves era el intercambio de posiciones, tomar desprevenido al contrario, ser imaginativo, y nada mejor para eso que el conocimiento táctico.

 

Consistía como él mismo reconocía en “acosar sin tregua ni respiro al adversario para recuperar la posesión del balón, y no ceder a ningún precio la iniciativa del ataque al contrincante, contando con dos requisitos básicos: un espíritu de lucha inquebrantable y una perfecta preparación física, sin los cuales el sistema se derrumba irremediablemente”.

 

Holanda, hasta ese momento desconocido en el mundo futbolístico internacional, pasó a ser el equipo sorpresa, una de las etapas más brillantes de su historia en el Mundial de Alemania.  Con Johan Cruyff como capitán, Suurbier, Krol, Neeskens, Haan, Jansen, Rensenbrink o Rep, Van Hanegem, los tulipanes dieron el gran golpe en el campeonato germano.

 

Holanda parecía un equipo descontrolado si nos guiamos por los dorsales donde el portero Jan Jongbloed usó la 8 y delantero Rud Geels el 1, pero para nada se correspondía con la realidad.  Debutaron contra Uruguay, los charruas apenas pudieron pasar dos veces el mediocampo ante el alud de juego y oportunidades holandesas que pudieron haber terminado en una goleada escandalosa de no mediar la mala suerte, el encuentro finalizo 2 a 0.  Empataron ante Suecia (0-0), luego le ganaron por 4 a 1 a Bulgaria y de allí pasarían a la segunda fase del torneo.  En esa fase se estrenó con una goleada espectacular contra Argentina por 4-1, a la que siguió una convincente victoria por 2-0 ante la República Democrática de Alemania.  Brasil, el gran Brasil (pero ya sin Pelé), parecía ser el último obstáculo en el camino.  Un cómodo 2-0, despejando el camino a la gran final.

Beckenbauer y Cruyff, las dos estrellas de ese Mundial, las dos mejores selecciones del mundo en ese momento serían protagonistas de esa gran final.  Alemania esperaba este último partido para alcanzar la gloria.  Maier, Beckenbauer o Müller eran algunos de los rivales a tener en cuenta.  El inicio del partido de los holandeses fue digno de un campeón mundial.  Sacaron del centro y, sin que los alemanes llegaran a tocar el balón, los “orange” se aproximaron al área donde fue derribado Cruyff por Uli Hoeness siendo objeto de penalti que Neskens transformaría en el primer gol del partido cuando ni siquiera los alemanes habían tocado la pelota.

 

Cuando todo parecía pintarse de naranja, Breitner y Müller dieron la vuelta al partido y terminaron con un sueño que nunca se hizo realidad pero que siempre quedará en la memoria de todos los aficionados.

 

Pero como dice el titulo... algo falló en toda esta estrategia, los alemanes le supieron dar la vuelta y salirse con un resultado favorable, escribiendo otra página en la rica historia del deporte más lindo del mundo.

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