Como hice a mi yerno hincha de Racing

Para decirlo en terminos tangueros debería recurrir a personajes de la literatura francesa.  Es una "mezcla rara de Musetta y de Mimí".  La madre es irlandesa, el padre haitiano y si bien él nació en Haití, el primer cumpleaños lo celebró en Estados Unidos.  Y siempre habló en inglés.  Además es rubio de ojos celestes.  Y se llama William Christian Maximillien.  Un gringuito.   La tarea, aparentemente, no parecia de fácil realización.  A favor?  Extrañamente, dadas las circunstancias, le gusta el fútbol.  Loquito.  Enfermo por el futbol.  Lo fui tanteando.  Le contaba historias, probable –o mejor dicho, seguramente-, ligeramente distorsionadas para aumentar la cuota de emotividad.  Así le contaba que en 1958 Corbatta, Pizutti, Manfredini, Rubén Sosa y Raúl Belén eran capaces de tener la pelota más de diez minutos sin que tocara el suelo, y claro está, sin que la tocaran los contrarios, que miraban azorados y, algunas veces, se limitaban a aplaudir desde un noble asombro.  Hubo goles que llegaron después de esas jugadas memorables.  Con más visos de credibilidad le contaba también que en esos tiempos cuando le cobraban un penal a favor a Racing, primero Corbatta celebraba levantando sus dos brazos y festejaba con su tribuna lo que minutos después debería concretar: patear el penal y convertirlo en gol.  Del 61 le conté otras maravillas, la delantera era casi la misma, ya no estaba Manfredini, pero estaba Pedro "el ropero" Mansilla.  Atras habíamos mejorado: lo teníamos a Federico Sacchi que solía jugar con smoking y galera, licencia que le permitía la Asociación del Futbol Argentino que le había concedido un permiso especial.  A su lado, a la izquierda, ya estaba un uruguayo impasable: el gato Mesías.  Demasiado equipo.  Le conté con lujos de detalles cada uno de los goles del inolvidable once a tres ante Rosario Central sin olvidar de puntualizarle que Belén se fue de la cancha llorando porque no había hecho ningún gol.  Los once se los repartieron tres Sosa, tres Pizutti, tres Corbatta y dos Mansilla.  Las lágrimas de la Bruja Belén tenían que ver con su pasado en Newell's, rival histórico de Central.  Transformados fuera de toda duda razonable esos campeonatos en epopeyas únicas e irrepetibles, el tipo todavía no estaba convencido.  Redoblé esfuerzos con "el equipo de José".  Ahí creo que quebré su resistencia.  Conté historias verdaderas, otras no tanto y –ahora con el hecho consumado es legítimo admitirlo- y otras que fueron inventos, pura imaginación, pero dichas con un convencimiento que hubiera sido muy difícil ponerlas en dudas.  Le conté minuto a minuto partidos que nunca existieron, como aquel que en la cancha de Boca íbamos perdiendo cinco a cero en el primer tiempo y al final ganamos seis a cinco.  "Eso era el equipo de José", concluía con los ojos llenos de lágrimas.  Ese día que nunca existió hasta le atribuí dos goles a Martín, un cuatro eficiente –y capitán del equipo- pero que nunca hizo un gol.  Los otros cuatro en equitativo reparto fueron para Martinolli, Rulli (otro que mojaba poco y nada), JJ Rodríguez y Cárdenas.  No me acuerdo bien y no me gusta mentir, creo que fue en este mismo partido que Carrizo, el arquero –porque ese día no jugó Cejas, minga le iban a hacer cinco goles a Mario en cuarenta y cinco minutos, ese día atajaba Luis Carrizo- pero el tipo atajó un penal cuando se jugaban dos minutos de descuento.  Y el penal no estuvo mal pateado, todo el mérito fue suyo: la descolgó del ángulo.  "Me acuerdo –terminé ese relato- que ese día me fui desde la cancha de Boca hasta mi casa caminando".

 

Si no lo hacía hincha de Racing con esas historias el tipo no merecía ser el marido de mi hija.  Hubiera mostrado su costado más miserable.  Despojado de toda sensibilidad.  Pero algo faltaba.  Por lo menos la primera camiseta de Rácing se la compró al día siguiente de revivir el Racing-Celtic en el Centenario.  El gol del Chango Cárdenas –golazo que quedó en la historia, en la memoria, en el corazón de los seres de buena voluntad, irrelevante simpatías futbolísticas- quedó como una jugada más dentro del partido que le conté.  Todo fue heroico.  Desde mi viaje de Buenos Aires a Montevideo hasta cada minuto del partido.  Coco, El Panadero, Perfumo, el Bocha... toda la banda, Pizutti, Pepito y Tito, dos pibes del barrio que viajaron conmigo a ver el partido, todo fue parte de una gran gesta.  Insuperable. Inolvidable. Cómo no iba a venir al otro día a visitarme con la celeste y blanca puesta sobre su pecho y lucida con orgullo. Lo bueno del caso, lo que justifica alguna fantasia en los relatos, es que no se la sacó más. Y ahora, capaz, hasta celebramos juntos.

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Cuarenta y ocho horas más tarde.


Por supuesto lo vimos juntos.  Y esta vez no es tiempo de contar el partido minuto a minuto como otras veces.  Rescato lo importante.  Y lo importante fue ver esa inequívoca mirada llena de orgullo.  Compartir esa alegría.  Contarle que un día como hoy, 14 de diciembre, hacia 1905, nacía en Azul, provincia de Buenos Aires, el hombre que tuvo la feliz idea de hacerme hincha de Racing.  Le hablaba de mi papá.  Y en los planos abiertos que mostraba la television y aparecía el estadio en toda su dimension, me paraba, me acercaba a la pantalla y le señalaba con el dedo índice el lugar preciso desde donde veía, con cuatro, cinco o seis años, los partidos de la gloriosa Academia.  Veía al loco Corbatta, a Rubén Sosa –mi primer ídolo surgido del fútbol-, creo que también le conté otra parte de la historia.  Ahora la alegría, la emoción y el orgullo empezaba a transitar por otros caminos.  Caminos poblados de recuerdos y emociones renovadas.  Con los ojos ligeramente humedecidos.  Estas sensaciones que ahora compartimos y que no necesitan explicarse.  Las cosas pasan porque pasan.  Sin detalles.  El yerno, el gringuito, ya es hincha de Racing.  Y eso no se cambia.  Como todos lo pensamos y Eduardo Sacheri se lo hizo decir al personaje que compuso Francella en "El secreto de tus ojos", "un hombre de buena voluntad puede cambiar de barrio, de país, de mujer, de trabajo, de lo único que no se puede cambiar es de equipo de fútbol".  Después de todo, lo hice hincha, y no me costó tanto.

 

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